UNA ROSA CÁLIDA
No temas a quien finge o destruye,
ni al gusano que levanta murallas o construye fosos.
Mira a los ojos de las flores
y enciende en los corazones la luz
de la vida. Esa luz que te abandonó un día
plagado de catástrofes y de fantasmas,
pero que aún se halla enraizada vigorosamente,
aunque tú no lo creas,
en la esperanza de tus pasos,
de tus lágrimas, de tus cielos sin apoyo. Yo sé
que hoy los miedos y el desasosiego
reinan en tu laberinto de nieve, refugio de aves
sin alas, mudas, que yacen encadenadas
a la inmovilidad de sus tinieblas.
No esperes a que nazca el nuevo
día. Levántate ahora mismo y sal de la noche
que sólo espectros crea y tumbas abre con su risa
cruel. Yo sé que tus ojos no ven y tu sangre
dibuja mundos sin palabras ni caminos
con la ansiedad que fluye a borbotones de sus horas
heladas. Pero también sé que, si tú lo deseas,
puedes despojarte de tu mortaja y penetrar
valientemente en el sol de la alegría,
donde una rosa cálida te aguarda
desde mucho antes de tu naufragio en el océano
de las aguas que nunca conocerán
la luminosidad del beso siempre soberano.
PUBLICADO EN POEMAS EN AÑIL Nº 91 DEL 09/10/2006