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MARIÉ ROJAS TAMAYO

LO INEVITABLE DEL OFICIO DEL POETA

Por Viviana Álvarez - 17 de Octubre, 2006, 23:36, Categoría: MARIÉ ROJAS TAMAYO

LO INEVITABLE DEL OFICIO DE POETA

 

Alguien sueña con un amor que dejó en Praga,

Y  la vieja ciudad ha olvidado ya sus pasos;

Un suicida echa un poema en una botella,

Sin saber que un día, un fragmento de su botella será perla.

 

Una amiga habla con Dios, allá en su cuarto

Y Dios no la escucha, está dormido,

Cansado de tanto error de sus criaturas, duerme...

Yo batallo contra un verso que me acosa,

Intento volver a mi lectura, pero

Leer poesía contagia a escribir poesía.

 

Me persigue una historia de pozos, brocales,

La imagen de dos que se juran amor bajo la luna.

Cuando parte la diosa sin rostro tras la nube,

Permanecen abrazados junto al brocal. 

El reflejo que se ausenta del pozo, no lo sabe,

Pero la luna es sólo un astro inhabitado.

 

Por favor, no cuenten esto a los amantes,

Dejen que esta oscuridad les pertenezca,

Porque el mañana pertenece a dioses sordos...

 

Permanezco atada al poema, no quiero saber

Qué fue de los amantes, no siempre los finales son felices.

 

Es demasiado amplio el cielo para el vuelo de un ave

El alma abarca mucho más cuando se pierde.

¿A dónde ha ido la mía, en alas de esta historia?

Ansío volver a aquella página...

 

Una joven lamenta el abandono de sus musas.

Ella no sabe que siempre regresan,

Que aún sin Dios, sin Praga, sin Luna o sin las Musas que ella llora

Nos queda la vida, el insomnio, el hábito, el oficio,

El “no saber que hacer si no hago un verso”.

 

Pero aún si marchasen los recuerdos

Y no supiéramos siquiera nuestros nombres,

Tomemos entre nuestras manos un poema

Uno cualquiera:

Leer poesía es buen remedio.

PUBLICADO EN POEMAS EN AÑIL Nº 91 DEL 09/10/2006

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A LA DAMA POESÍA

Por Viviana Álvarez - 6 de Octubre, 2006, 23:16, Categoría: MARIÉ ROJAS TAMAYO

 

Escribir es ir desandando

El oscuro sendero de la memoria.

Si no quedase más que una isla solitaria

Donde ir a deshabitar el miedo, el dolor y la alegría

Necesito de mis letras

Para saber que esa tierra existe.

 

Cada poema es un habitante

Que encierro en el cofre

Donde voy colocando un poco de aquello

Que pesa demasiado.

 

Dejar algo de esta carga

Para hacerla soportable,

Apenas eso...

 

No pretendo que aquello que hiere,

Deje de doler,

No quiero espantar a mis demonios,

Ni renunciar a mis excesos.

 

Sólo aspiro a hacerlos llevaderos

Para que, al final,

Mueran conmigo.

 

PUBLICADO EN POEMAS EN AÑIL Nº 90 DEL 26/09/2006  

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LO INEVITABLE DEL OFICIO DE POETA

Por Niniane - 17 de Septiembre, 2006, 13:28, Categoría: MARIÉ ROJAS TAMAYO

Alguien sueña con un amor que dejó en Praga,

Y  la vieja ciudad ha olvidado ya sus pasos;

Un suicida echa un poema en una botella,

Sin saber que un día, un fragmento de su botella será perla.

 

Una amiga habla con Dios, allá en su cuarto

Y Dios no la escucha, está dormido,

Cansado de tanto error de sus criaturas, duerme...

Yo batallo contra un verso que me acosa,

Intento volver a mi lectura, pero

Leer poesía contagia a escribir poesía.

 

Me persigue una historia de pozos, brocales,

La imagen de dos que se juran amor bajo la luna.

Cuando parte la diosa sin rostro tras la nube,

Permanecen abrazados junto al brocal. 

El reflejo que se ausenta del pozo, no lo sabe,

Pero la luna es sólo un astro inhabitado.

 

Por favor, no cuenten esto a los amantes,

Dejen que esta oscuridad les pertenezca,

Porque el mañana pertenece a dioses sordos...

 

Permanezco atada al poema, no quiero saber

Qué fue de los amantes, no siempre los finales son felices.

 

Es demasiado amplio el cielo para el vuelo de un ave

El alma abarca mucho más cuando se pierde.

¿A dónde ha ido la mía, en alas de esta historia?

Ansío volver a aquella página...

 

Una joven lamenta el abandono de sus musas.

Ella no sabe que siempre regresan,

Que aún sin Dios, sin Praga, sin Luna o sin las Musas que ella llora

Nos queda la vida, el insomnio, el hábito, el oficio,

El “no saber que hacer si no hago un verso”.

 

Pero aún si marchasen los recuerdos

Y no supiéramos siquiera nuestros nombres,

Tomemos entre nuestras manos un poema

Uno cualquiera:

Leer poesía es buen remedio.

 

PUBLICADO EN POEMAS EN AÑIL Nº 89 DEL 12/09/2006

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EL PERRO DE PUCHO

Por Niniane - 10 de Septiembre, 2006, 16:18, Categoría: MARIÉ ROJAS TAMAYO

                   Cuando salí de la Habana

                   Cuando salí de la Habana

De nadie me despedí

Solo de un perrito chino

Que venía tras de mí...

Tonada popular

         Se encontraba disfrutando de un almuerzo en El Floridita, sintiéndose Hemingway, cuando algo le rozó la pierna. No puede decirse que la culpa fue del hueso que le arrojó, porque Pucho había ordenado filete de pargo. El caso es que el perro chino no se le despegó a partir de ese momento. Los bromistas aseveran que se habían conocido en una reencarnación anterior.

         En fin, que Pucho regresó al Taller de Gráfica de La Habana con el perro detrás. Todo el día, mientras entintaba las piedras y daba vuelta a las prensas, fue el hazmerreír de sus colegas, porque aquel animal gris y pelado era lo más feo que pueda imaginarse. La cosa hubiera quedado ahí, si al final de la jornada el chucho hubiera tomado su rumbo; pero lo siguió a casa de La Cantante. Aquello le costó un escándalo de esos de "para animales contigo me alcanza"...


         Así comenzó el desandar de Pucho con el perro. Abandonó su bicicleta por taxis lujosos, con olor a gente famosa; por autobuses repletos, malolientes a sudores de jornadas laborales; incluso se internó en el Palacio de los Capitanes Generales, con la esperanza de que el aroma de las antigüedades opacara el sentido del perro, pero fue llamado por el altavoz porque el animalito se plantó en la puerta y no dejaba pasar a la directora.


         Finalmente, un amigo le sugirió que abandonara la ciudad. Si pedaleaba hasta Caimito, donde vivía su prima, y se internaba allá por el fin de semana, de seguro al regreso el can había encontrado otro entretenimiento...

         A la mañana siguiente estaba Pucho dispuesto a recorrer los kilómetros necesarios para no perder a La Cantante. Al cabo de dos horas de darle a los pies se sintió libre –creo que ese sentimiento de libertad fue lo más importante-, suspiró y, al mirar al frente, distinguió al perro, esperándolo mientras meneaba la cola sin pelos.


         No sabemos si la culpa fue de aquella visión, si de todas maneras la bicicleta iba a volcarse, el caso es que ahora no se nos borra de la mente la imagen del perro junto a la lápida de Pucho.

         Hay quien dice –siempre salta un supersticioso- que el perro es la Muerte, y ahora está esperando su próxima víctima; otro anda tarareando aquello de "Cuando salí de La Habana, de nadie me despedí, sólo de un perrito chino..."; yo digo que a lo mejor quedarse con el chucho le hubiera dado suerte, porque La Cantante ya tiene otro marido y pensaba botarlo de todas formas; alguien asevera que cuando viene tu momento, con perro o sin él te vas para el reparto boca arriba...

         La verdad nada más la saben Pucho, y el perro.



PUBLICADO EN POEMAS EN AÑIL Nº 88 DEL 29/08/2006

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