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BAJO LOS PUENTES DEL CORAZÓN

Por Niniane - 31 de Agosto, 2006, 11:37, Categoría: PEPE SANCHEZ

Porque te extraño, talismán de mi huerto,

 

el invierno no se atreve a romper los hilos de Ariadna

 

que tendí, de mi ventana al mar hundido de tus ojos,

 

como puente preferido por los suicidas;

 

hilos de recuerdo, náufragos en la distancia,

 

que la nostalgia, con su pico irresponsable,

 

quisiera cortar en pedazos de humedecido cristal

 

para que la tarde caiga en su no ser sin fondo.

 

Mi corazón es un huerto desolado por el tiempo

 

donde sembraste racimos de esperanza,

 

que después el otoño distante de tu voz

 

puso a marchitar sobre mi mesa de pobre servidumbre.

 

El mar, que era mi mejor amigo,

 

ahora es un ágil proveedor de sal y tristeza,

 

entre mis manos y tu cielo de palomas grises.

 

Cuando grito tu nombre en los vacíos muros de mi sombra

 

los centinelas de la ciudad abandonan sus puestos         

 

para perseguirte por mis venas abiertas.

 

Los mendigos te acusan de robarles la luz.

 

Los astros de la sed son perros sin compañía,

 

vagabundos en la soledad sin respuesta.

 

Ya no hay lluvia que cante, como peces de miedo,

 

en el aljibe sin retoño de los días;

 

mis pasos abandonaron la plaza de sobrevivir

 

para desandar las viejas calles sin final

 

que conducen a esquinas rutinarias,

 

al torpe invierno que habita bajo los puentes del corazón.

 

Porque te extraño, muchacha mía,

 

en la alta noche de tu ausencia;

 

porque me faltas desde que el mar puso cercos a mi pecho,

 

y he tenido que negociar mis naranjas jubilosas

 

por el pasto seco del otoño de los olvidados.

 

Porque te extraño, y no aprendí a defenderme de tu voz,

 

hay apagones en los bazares del cielo;

 

el búho del deseo conspira con mis aleros

 

y ya no caza en los muros del mediodía.

 

Hasta tu nombre se fugó del poema

 

y ahora anda de malhechor

 

entre papeles ilegales y amarillentos,

 

como la luna en que te nombro y no apareces.

 

He querido atar tu nombre a estos versos

 

con los hilos irredentos de todos mis naufragios;

 

he tratado de sobornarlo para que asista con su música

 

a la piel y la mesa del poema;

 

voy a acusarlo de fugitivo del amor,

 

de todos los nacimientos de la luz,

 

de no asistir al público temblor de estos versos,

 

por negarle al poema su sonido militante,

 

su caricia de campana de paz.

 

Porque yo lo convoqué con arpas que incendiaron la ciudad,

 

traté de persuadirlo a tambores de fe,

 

con la tristeza anónima de quien se pierde a sí mismo,

 

y ha quebrado el dolor desnudo del poema

 

que clama por su clara presencia,

 

por su sonido de ave escapada del otoño,

 

del rincón más fehaciente del alma.

 

Puedo acusarte de homicida sin puñal,

 

de malgastar mis mejores flechas,

 

mis cartas de navegación, mi altar suicida.

 

Y yo no soy Ulises, ni partí para Troya.

 

Porque te extraño, piel de durazno,

 

has hecho de mí un convicto de la luz,

 

el pirata, sin garfio y sin puerto,

 

metido por el mar de tus ojos

 

al turbio negocio de la nostalgia.

 

Y yo no tengo pasaje de Ministro

 

ni el hacha de los domingos,

 

apenas he sido un golpe humano

 

en la aldaba febril de tu pecho,

 

rumiando sus cantos de sirenas,

 

los frutos que buscas en el insomnio.

 

Porque te extraño, candil de mis manos,

 

y a estas alturas de tu ausencia

 

y las piedras de la noche,

 

hasta la soledad se niega a acompañarme.

PUBLICADO EN POEMAS EN AÑIL Nº 88 DEL 29/08/2006

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